L. Capítulo I

L u n a chapt. I

Mientras tanto en la ciudad…

Capítulo uno

Milo Villanova era un hombre de negocios de cuarenta y cinco años, era contador en una empresa de construcción. Vivía una vida de clase media en la ciudad de Nueva York. Era exitoso, hasta cierto punto, aunque no estaba complacido con los méritos que había alcanzado. Le gustaba trabajar con los números, pero había algo que verdaderamente amaba hacer, y eso era escribir. Le encantaba escribir novelas de ficción; de hecho, había estado trabajando en una idea en particular desde hace dos años ya, pero no sabía como recopilar todas esas buenas ideas en una historia. Había algo que se lo impedía: le hacia falta una musa, ese algo o alguien que lo inspiraría tanto como para poder terminar su novela. Esto para Milo, era como si alguien le hubiese obsequiado un cofre lleno de bloques de oro, pero hubiese tomado la llave consigo. Puedes llamarlo bloque de escritor si quieres.

Una mañana, Milo vestía un traje gris; había ido a Dunkin Donuts, como lo hacía todas las mañanas, a comprar su café mediano y una dona old-fashion. Tomó el subway, y colocó su portafolio en el suelo, cerca de sus pies. Entonces procedió a escribir otro capítulo de su historia.

“¿Un proceso placentero? Suena bien…” continuó “porque todo no es más que una ilusión, no más que una simple mentira, un truco sádico de nuestra propia mente” paró de escribir “nah, creo que me estoy desviando de mi idea” murmuró. Tachó sus palabras “ella era ¿linda? La creación más bella de la naturaleza”, tachó nuevamente su oración, cerró la libreta y la introdujo en su bolsillo. “Necesito inspiración para mi personaje principal”, pensó Milo.

Levantó la mirada para ver al resto de los pasajeros del tren. Había una joven con un estuche de guitarra cubierto de estampillas de muchas ciudades, algunas adolescentes chismeando sobre muchachos, y una anciana leyendo un libro, el resto eran hombres. El tren se detuvo y anunció la estación, también informó que solo las puertas al final de cada vagón se abrirían. Milo inmediatamente se levantó y corrió hacia el final de vagón. Las puertas estaban a punto de cerrarse pero logró salir. Luego, recordó su portafolio, se dio la vuelta pero las puertas ya se habían cerrado. No había nada que él podía hacer; el tren no iba a parar, así que sin más qué hacer, se dirigió hacia la oficina con las manos vacías.

Era una oficina grande. Había una mesa redonda en el centro de la habitación, y había sillas ejecutivas alrededor. Hacia la derecha, unos cuadros antiguos decoraban la pared blanca y hacia la izquierda ventanas altas y anchas daban una hermosa vista de la ciudad. Hombres y mujeres en trajes ejecutivos ocupaban las sillas alrededor. Milo, estaba sentado en una silla cerca de las ventanas. Al final de la habitación había un hombre, con un folder en sus manos y hablaba hacia los demás.

“… en los últimos tres meses nuestras ganancias han disminuido. Pensé que mejorarían, pero después de perder la competencia de Mente Vanguardista de Diseño, nuestro futuro se ha visto comprometido”, dijo Richard Weiss, el principal de la empresa. Era alto, robusto con cabellos grises y un bigote bien marcado al final de la habitación. “Si no obtenemos un proyecto de escala pronto, me veré obligado a reducir el personal”, continuó.

“El negocio de la construcción cada vez es más competitivo con todas esa nuevas empresas de vanguardia”, dijo un joven arquitecto sentado en una de las sillas.

Richard Weiss giró los ojos disgustado con el comentario “Gracias por ese comentario tan innecesario. Lo recordaré a la hora de hacer los cortes”, respondió y luego dirigió su atención a Milo.

“Villanova, ¿podemos escuchar el reporte de esta semana? ¿Tienes alguna buena noticia?”

“Pues… yo…” murmuró, con palabras entrecortadas, deseaba poder retroceder el tiempo para recuperar el portafolio.

“¿Si?” preguntó R. Weiss, su sola presencia era intimidante para Milo.

“Lo deje en el tren esta mañana, puedo tener una copia mañana a primera hora”, finalmente encontró la fuerza para decir.

“¿¡Acaso me esta diciendo que documentos importantes de esta empresa están ahora en manos de cualquier extraño!?” gritó. Milo no respondió nada. “Villanova, esta es la tercera vez consecutiva que esto sucede, ¿dónde tienes la cabeza? Lo único que tienes que hacer es imprimir el reporte y traerlo, ¿acaso es demasiado pedir? ¡Ni siquiera tienes que pensar cualquiera puede hacer su trabajo! Estas…” Milo se levantó lleno de coraje, golpeando la mesa con el puño.

“Ahórreselo Sr. Weiss, renuncio, detesto este trabajo de todas formas. Estoy harto de tener que venir a esta oficina, ¿quiere saber por qué no ganamos esa competencia? Porque se llamaMente VANGUARDISTA, ya está viejo Sr. Weiss, ellos quieren mentes frescas… Que tenga un lindo día.” Dio media vuelta y salió de la habitación, feliz y satisfecho.

“¡Nadie me habla de esa forma…!” Milo podía escuchar a R. Weiss en el fondo, pero ignorándolo continuó caminando.

Después de salir de aquella oficina que había sido su cárcel por tantos años, él no podía sentir más que felicidad. El día se veía más brillante; las calles, más limpias; e inclusive el contaminado aire de la ciudad se sentía fresco como esa brisa en el campo. Decidió caminar en lugar de tomar el tren, solo estaba a 10 cuadras, ¿por qué no? Pasó por un lujoso restaurante de terraza, el cual siempre había querido probar, pero era demasiado caro. Sin pensarlo dos veces, y antes que la razón le volviera a la mente, cruzó la calle y entró al edificio. El lugar estaba lleno de empresarios de clase alta sentados en mesas finas, el restaurante estaba completamente lleno, pero habían unas pocas mesas en la terraza. Milo se sentó en una que daba una linda vista de la ciudad. Ordenó salmon con vino blanco, sacó su teléfono celular e hizo una llamada. Unos 30min más tarde, un hombre de unos cincuenta años se dirigió hacia la mesa guiado por una mesera vestida con pantalones negros, camisa blanca y una corbata de moño. Milo observó al caballero, dejó de comer y después de limpiar su boca con la servilleta de tela que estaba en su regazo, saludó al hombre.

“¡Bartow, amigo, que gusto verte!”

“Te vez extrañamente feliz el día de hoy, ¿de qué se trata todo esto?” preguntó Bartow. Tomó asiento, la mesera le entregó el menú y le sirvió un vaso de agua.

“Pues, renuncié a mi trabajo, Weiss me iba a despedir, así que renuncié antes de que pudiese terminar su oración”, rió.

“¿Que hiciste qué? ¿Renunciaste a tu trabajo y lo primero que haces es venir al restaurante más caro? ¿Cómo pagarás por esto?” preguntó perplejo.

“Y por eso es que te invité”, levantó su copa y guiñó el ojo a Bartow, luego tomó un trago.

“Supongo que para eso son los amigos, ¿no?…” dijo “Aún no entiendo tu entusiasmo”, la mesera se acercó a ellos.

“¿Desea ordenar caballero?”

“Otro salmón por favor, y vino tinto para mi”, le entregó el menú a la mesera.

“Tengo 45 años Bartow, he trabajado en la misma oficina por más de 20 años y ¡la detesto! Vivo en un apartamento en el primer piso, y aún estoy soltero, no soy feliz”, explicó.

“Haz salido con damas muy hermosas y agradables, sigues soltero porque así lo quieres”, respondió Bartow.

“Ahí es donde te equivocas, ¡yo quiero estar casado! Esas mujeres, ellas no eran lo que busco. Me quiero enamorar, quiero encontrar a la mujer más bellas que mis ojos jamás hallan visto y escribir una novela sobre ella. Quiero encontrar mi musa y pasar el resto de mi vida a su lado, y si ella no me deja, por lo menos quiero tener la dicha de haberle conocido”, sus ojos como perdidos en lo más profundo de sus pensamientos, divagando en la habitación.

“Si lo pones en esos términos, pues claro que suena fascinante, pero ¿cómo encontrarás a esta mujer perfecta? ¿Cómo sería la mujer más hermosa?” preguntó Bartow confundido.

“No sé cómo es. Pero supongo que lo sabré cuando la vea”

“¡Lo que dices no tiene sentido!” Milo simplemente lo vio y sonrió.

“Quizá no soy más que un romántico sin remedio”, pausó “iré a las afueras de la ciudad, el campo tal vez, tomaré lo que tengo y me iré. Buscaré a mi musa, y la inspiración para escribir un libro. Siempre he querido hacerlo, tu sabes eso”, dijo con una sonrisa enorme en su rostro.

“¿¡Cómo!? ¿Te irás de la ciudad?”, dijo atónito.

“Si, nunca me gustó la ciudad. Me iré mañana en la mañana.” Terminó de comer y colocó la servilleta en la mesa. “Bueno, pues me marcho, tengo mucho que empacar. Saluda a Karen y a los niños”, continuó. Se levantó y se marchó. La mesera entonces se acercó a la mesa con el salmón en mano.

“Su salmón caballero”, Bartow no dijo palabra alguna, simplemente observó a Milo mientras se marchaba y giró su cabeza de lado a lado.

Gracias por leer este primer capítulo de L U N A, espero lo hayas disfrutado y que la historia te haya cautivado :)! Si te pareció interesante haz click en el botón de LIKE ya sea acá o en FB y COMENTA tus pensamientos ¿A dónde crees que irá Milo? ¿Qué te parece este personaje hasta ahorita? ¿te ha pasado que dejas algo super importante tirado por ahí? SUSCRIBETE para recibir notificaciones de los siguientes capítulos y COMPARTE o dale reblog si tienes una cuenta de wordpress o share en fb.

¡Espero tengas un día super lindo de hermoso y espero continues visitando BakeandRead :)!

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2 thoughts on “L. Capítulo I

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