Capítulo I

lstory cover       VALS, CAFÉ Y LA CIUDAD

Prefacio

Era tan frustrante, él era el primer pensamiento que tenía cuando abría mis ojos, y el último pensamiento que tenía cuando iba a dormir. Incluso cuando cerraba mis ojos, mi mente llenaba mis pensamientos con su imagen, dando a mi corazón esperanza donde no deberían había haber. La única solución era huir, salir de este lugar y fingir que nunca lo conocí, deshacerse de todos estos recuerdos que había atesorado o pretender que no fue mas que un lindo sueño del que ya he despertado. Lo cierto es que no lo pude olvidar, y aún pienso en él.

De principio a fin, esta historia tiene amor impreso en cada capítulo, cada página, cada frase, cada palabra. Sin embargo, esta no es una historia de amor, porque a diferencia de historias con un romance de ensueño, éste no tiene la perfecta secuencia de eventos que lleva a un encantador y tan deducible final. Esta historia es diferente no porque supera las expectativas de sus lectores, sino porque muestra lo yo que pienso del amor, lo que me hace tener ese pensamiento y los límites que le doy. Yo solía pensar que todos los pequeños detalles de la vida tenían un propósito que tarde o temprano sería descubierto. Solía conectar todo lo que me pasaba a un futuro desconocido, y como mi cabeza trae pensamientos a mi mente con la velocidad de la luz, se me ocurrían miles de respuestas. Lo curioso de este hecho es que el destino se ríe de mis pensamientos y en realidad hay una respuesta, por supuesto, pero mis pensamientos nunca coinciden con la respuesta correcta. Por desgracia tengo discusiones con mi corazón, que terminan desechando las opiniones de mi cerebro, porque mi corazón tiene algo con lo que no puedo luchar en contra sin perder, no importa lo que sepa, lo que vea, lo que me grite a mi misma. Es algo que me trae felicidad, incluso cuando la realidad intenta todo lo posible por rasgar la sonrisa de mi rostro. Mi corazón siempre tiene esperanza.

Todo comenzó hace cinco años, cuando lo conocí.

MARZO 2010

Era casi hora de cerrar…

Era mi tercer año de universidad, estábamos a mediados del semestre de primavera, los árboles comenzaban a florecer. Ese invierno había sido muy duro y todavía habían montañas de nieve a los costados de la carretera. Yo estaba trabajando en un informe de investigación para una clase de Estudios Generales, había estado trabajando en él por tres días y aún no lo había terminado. Me faltaba una buenísima introducción que captara la atención de mi profesor y una estupenda conclusión para tener mi A asegurada. Sabía que iba a estar trabajando toda la noche y que necesitaba cafeína en mi sistema, entonces me apresuré a ir al café que estaba más cerca de la biblioteca. Ya casi era hora de cerrar así que corrí lo más rápido que pude. Cuando llegué solo había una persona esperando en fila, él llegó minutos después pero no lo escuché entrar. Yo traía puesto un pantalón rosa fuerte y mi abrigo amarillo favorito. El estaba parado atrás de mí, pero yo continuaba sin notar su presencia, eso fue hasta que se dirigió a mí.

“Ese abrigo me hace sentir que ya estamos en primavera”. Me volví hacia él y lo vi, él me estaba viendo con sus ojos color caramelo ligeramente oscurecidos por sus lentes.

“Me encantan los colores primaverales”

“Hola Amelia, ¿lo mismo de siempre?”, preguntó el barista. Había estado yendo a ese café desde mi primer año en la universidad y el barista ya me conocía. Se llamaba Santiago, era estudiante de ingeniería en una universidad cerca de ahí. Trabajaba en ese café para cubrir los gastos de la colegiatura.

“Sí, lo mismo de siempre, gracias”

“¡Un latté mediano y un cupcake de cheesecake con fresas ya salen!”

Camine hacia un lado de la vitrina para esperar mi orden. El ordenó un licuado de frutas y verduras, y luego caminó hacia mí.

“¿Planeas no dormir hoy?”

“Sí, tengo un ensayo de investigación para mañana a las ocho”

“Esos son los peores”

“Yo sé, ¿y tú, dormirás?”

“Lo dudo, tengo una presentación muy importante mañana”

“¿Qué estudias?” pregunté, aunque podía deducir su respuesta por la manera como estaba vestido: pantalón de vestir, abrigo formal negro, y podía ver una corbata entre el cuello del abrigo.

“Administración de empresas”

“Eso explica la formalidad…”, él sonrió y continuamos conversando.

Su nombre era Gael se había graduado de ingeniería civil en Oregon, pero se había mudado a New York para sacar una maestría en administración de empresas.

Tomamos un cuarto de estudio en la biblioteca para poder conversar mientras trabajábamos. Hablamos por horas y horas, la conversación se sintió tan natural, desde el principio tuvimos una conexión muy linda, él me ayudó revisando mi ensayo y yo le ayudé a mejorar su presentación. Entonces noté su sonrisa, tenía “esa sonrisa”, esa sonrisa que hace que todo se sienta bien, esa sonrisa que te contagia aún en un día cuando todo te sale al revés, sí él tenía esa sonrisa.

A la mañana siguiente entregué mi ensayo y le mandé un mensaje preguntando sobre su presentación. Respondió que había sido un éxito y que me lo debía a mí. Ese fue el comienzo.

[Espero hayas disfrutado este primer capítulo ❤ 🙂 si así fue ¿Me harías un gran favor? Por favor haz lo siguiente :]
  • Dale me gusta, si disfrutaste leerla.
  • Escribe tus comentarios, ¿qué opinas de la forma como se conocieron?
  • Subscribete para recibir notificaciones.
  • Compártelo con otros, para que más personas puedan leerlo.

Gracias por leer, espero continues leyendo los siguientes capítulos 🙂 ❤

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s