Capítulo III

 

atardecer

Cuando estaba en octavo grado aprendí de memoria esta cita “las apariencias son tan solo un vistazo de lo que no se ve” – Anaxágoras. Hasta este momento, Gael era solo eso para mí: una fachada, una linda conversación, un desconocido.

Había algo simplemente mágico en esos amaneceres en la ciudad de Nueva York. Apreciar al sol salir de entre los rascacielos y ver su luz brillar en esas montañas de concreto, era una sensación inexplicable. Quedarse despierta hasta tarde tenía sus beneficios. Aún estaba sentada frente a la ventada cuando me llegó un mensaje al celular. Era Tania, ella y Mei iban a almorzar a Parm (un restaurante italiano en la Upper West Side) y querían que yo las acompañara. Respondí y comencé a arreglarme para mi clase de las 9AM. Me encantaba esa clase, Hasan y yo la habíamos tomado juntos. Se llamaba Cine internacional hasta 1960, me fascinaban las películas antiguas, María Felix y Rita Moreno eran mis favoritas. Al finalizar la clase el profesor Viviani dijo estas palabras mágicas:

“Antes que se vaya, les quiero decir que he decidido que su ensayo de investigación será su examen de período. Verdaderamente quiero que pongan mucho esfuerzo en este ensayo, y se que muchos de ustedes me van a entregar cualquier cosa el viernes. El examen de período lo tienen el 11 de mayo, esa será la nueva fecha de entrega. Les estoy dando más tiempo para que trabajen en él y ya tienen una preocupación menos así que tomaré todo esto en cuenta a la hora de calificar”

Era suficiente tiempo para entregarle un trabajo estupendo. Me puse plazos, pensé a quienes les preguntaría que revisarán lo que había escrito, lo tenía todo planeado (y por supuesto lo dejé para última hora). Invité a Hasan a Parm, y los cuatro fuimos a comer. Ahí no pude más y les conté sobre Gael.
“¡Les tengo que contar algo!” dije sin poder contener el entusiasmo.

“¡Oh por Dios! ¡¿Conociste a alguien?!” preguntó Tania.

“¡Sí! Bueno, más o menos, nos conocimos en el Café de la Escuela de Negocios, comenzamos a hablar, intercámbianos números y… vamos a salir mañana en la noche”

“¡Awwww que emoción!” dijo Mei con voz aguda.

“¿Cuál es su nombre?” preguntó Tania.

“Gael, él ya está es su maestría”

“Espera, ¿estas hablando del muchacho del otro día? ¿El te gusta?” Hasan se veía sorprendido.

“Pues, yo creo que está interesante, tiene cosas interesantes que decir y pues me parece”

“¿Te parece qué? Han platicado como dos veces”, dijo irónico.

“¿Y entonces…?” Hasan rió y no dijo nada.

“¿Y a dónde van a ir?” preguntó Mei ignorando completamente el comentario de Hasan.

“¡Consiguió tickets para WICKED!”

“¡¿WICKED?!”

“¡SI!”

Viernes en la noche…

Eran las 6:30pm, miré por la ventana y vi esa imagen naranja; en como una hora se volvería azul. Debo admitir que nunca había puesto atención a esa parte del día, después de la puesta del sol y antes del anochecer. Por unos 20 minutos el cielo se pone de un azul precioso. Lo aprendí en una clase de fotografía que tomé durante mi segundo semestre, hasta entonces fue que comencé a apreciar esa parte del día.

Estaba tan nerviosa por mi cita con Gael, no estaba segura siquiera si era una cita. No sabía qué ponerme: ¿vestido? ¿jeans? ¿falda? No sabía qué hacer con mi cabello para que se viera decente. Me iba a pasar a recoger en una hora y yo esta ahí, sentada en mi cama mirando mi armario sin la menor idea de qué ponerme. Entonces escuché el ringtone de mi celular.

“¿Aló?”

“Hola, habla Gael, salí un poco tarde de la clase. ¿Será posible que te pase a traer en una media hora? Lo que pasa es que no me alcanza regresar al apartamento y cambiarme. Tú vives en la calle Cliff ¿no es cierto?”

“Sí, pero… la onda es que treinta minutos no me alcanzan a mí”

“Bueno, 45 minutos ¿te parece?”

“Aja…”

“Listo, nos vemos al rato”

“Sí, solo me llamas cuando llegues”

45 minutos no eran suficientes, tomé el primer vestido que encontré, mi vestido amarillo. Amaba ese vestido: sin mangas, escote en V, ajustado hasta la cintura y luego caía hasta mis rodillas. Siempre me ponía ese vestido con zapatos altos color piel, le daban un toque elegante y casual al mismo tiempo. Me iba a planchar el cabello cuando el celular comenzó a vibrar seguido por un mensaje de texto.

– Gael: ¡Estoy acá!

 

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En serio, gracias por leer, espero continues leyendo los demás capítulos :)!

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